El material se considera prometedor por su robusteza semejante a la piel, otorgando sensibilidad al tacto. En robótica, afirma Someya, los usos posibles son innumerables, al permitir a los robots ser capaces tocar a la gente en forma delicada, y sin llegar a herirla.
El siguiente paso será desarrollar el mismo tipo de sistema añadiendo sensores de temperatura y humedad, utilizando además materiales elásticos que se adapten no sólo a la flexión sino a los estiramientos, imitando de la forma más ajustada posible el comportamiento de la piel. Desarrollar hasta este punto los sistemas táctiles supondría, con seguridad, vencer la barrera que ha impedido, hasta el momento, que pudieran encontrarse aplicaciones prácticas destacadas a este tipo de mecanismos